La red de creación musical Futurs composés de Francia ha hecho público el siguiente comunicado a raíz de la publicación de un proyecto puesto en marcha por el Ministerio de Cultura francés.

El Ministère de la Culture ha puesto en circulación un documento concebido como una hoja de ruta que traza los grandes ejes de un proyecto titulado “Cultura para cada uno” (CPCU), título inspirado en un discurso de André Malraux de 1966.

Olvidar el contexto histórico, enturbiado por las consecuencias del enfrentamiento entre la Unión Soviética y los Estados Unidos, y no dar cuenta del debate profundo que animaba a los intelectuales europeos, particularmente por las ideas de cultura compartida, da al título un doble sentido y es perjudicial para su claridad.

Extraerlo de su contexto significa olvidar las casas de cultura, la descentralización y el deseo profundo de los hombres y de las mujeres de su época de caminar hacia una sociedad más igualitaria. Significa olvidar a Antoine Vitez y “la cultura elitista para todos”. ¿Es, por otra parte, una casualidad que este documento se abra desde los fracasos de la democratización – “…resultados decepcionantes de las políticas de la democratización cultural…” – y proponga un vuelco en el que la CPCU tendría como deber “invertir el fenómeno”? Esto es más que olvido, es un enterramiento que vuelve aún más oscuro este concepto de CPCU.

El citado fracaso queda, además, por probar con cifras en la mano, incluso si reconozco que nuestras esperanzas de artistas comprometidos desde hace decenios en la transmisión hacia la gran mayoría son a veces más ambiciosos que los resultados obtenidos. Sin embargo, lejos de hacerme bajar los brazos, ha multiplicado mi deseo de hacerlo cada día un poco mejor.

Mi “ardiente paciencia” contrasta con la violencia inducida por este texto.

“El verdadero obstáculo hacia una política de democratización cultural es la cultura misma. Una cierta idea de la cultura extendida entre los componentes más diversos de la sociedad, conduce, bajo la cobertura de la exigencia y la excelencia, a un proceso de intimidación social.”

¿Cómo no indignarse leyendo esta frase repetida ya por muchos? De pasador de cultura, me he convertido, pues, en el enemigo ya que al querer descubrir el arte contemporáneo, he asustado con toda seguridad a las masas populares. No solamente mis actividades de transmisión son sospechosas sino que mi práctica artística “intimida”.

Notemos, de paso, el proceso deshonesto inducido por el empleo de la expresión “bajo la cobertura”, como si la calidad y la exigencia nos sirvieran de coartada para avanzar enmascarados con desprecio de los miedos que la cultura inspiraría a la mayoría.

Proponer “hacer acceder lo popular al rango de los intereses culturales de nuestro patrimonio de la creación francesa” y “explorar las condiciones de una mutación de las fronteras del campo cultural,” es oponer prácticas exigentes a las que en consecuencia no lo serían. Es ignorar a los numerosos artistas de talento que trabajan en esas pasarelas entre lo popular y lo culto sin intentar sacralizar ni un lado ni el otro, sin pensar que su práctica es tan “intimidante” que va a impedir que la creatividad se expanda.

Es, también, un punto de populismo pretender que lo popular en su conjunto muestra el campo de la cultura y debe ser valorizado como tal. Sin negar el aspecto creativo de la canción, del rock, del hip-hop, del slam y del tecno, sin retirar su cualidad artística a los taggers, poetas de la calle y otros bailarines de hip-hop, sin reducir las capacidades de innovación a tal o cual artista “popular”, debemos prevenir ante el riesgo de confusión entre la inventiva de este sector y los modelos de moda.

El mundo de la industria, alternándose con los media, no se equivoca ya que su fondo de comercio consiste en buscar nuevos talentos rentables venidos precisamente de estas culturas populares. El precio de todo esto es, en la mayor parte de los casos, el del conformismo.

La CPCU no puede alinearse sobre las modas, las tendencias del momento, los minúsculos denominadores comunes ni sobre una cultura popular que apenas sería el eco del éxito de un día. En ese registro me viene a la memoria una historia personal: como siendo joven artista de variedades, Guy Lux me obligó a cortar mi canción de éxito del año 1975 con el pretexto de que duraba más de 2’30’’. ¿Practicaba ya sin saberlo la CPCU tratando de evitar a los telespectadores una duración demasiado larga y sin la excusa de los cortes publicitarios de la academia de estrellas de hoy?

Desde siempre, el mundo de la cultura ha oscilado entre democratización y elitismo, pero estos dos conceptos no expresan más que de manera aproximada la realidad compleja del acto de transmitir. Por ejemplo, mi trabajo en France Musique que consiste, entre otros, en hacer descubrir la riqueza de los lenguajes musicales contemporáneos puede ser considerado por los defensores de la música clásica como muy “intimidante”, mientras que ellos mismos haciendo escuchar a Mozart lo son para los otros. Todo depende de la cultura de cada auditor, lo que significa esa noción de intimidación, además ser detestable es absolutamente relativa.

Por ello, más allá de polémicas semánticas, hay que hacer lo posible para que la capacidad de intervención del Estado en los ámbitos de la transmisión y de la democratización de los saberes permanezca ante todo como el planteamiento de la CPCU.

Mientras que todo quede por inventar, que nos haga hacer mucho más y siempre mejor, que toda nuestra energía esté puesta al servicio de esa gran idea que es la democratización cultural… Por supuesto, y será siempre demasiado poco. Pero, por favor, no inventemos un sistema falso y culpabilizante, que además de ser poco respetuoso con los actores sinceros de la cultura, acentúa precisamente la divergencia social que intentamos a diario mitigar.

David Jisse es compositor e intérprete. Director del CNCM-La Muse en Circuit, Vicepresidente de Futurs Composés Réseau national de la création musicale y productor de France Musique electromania».>
(Traducción de docenotas.com)

Ver artículo en www.lemonde.fr

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