El ciclo Operadhoy de este año ha presentado, hasta el momento, dos producciones germanas: Das Mädchen mit den Schewefelhözen (La cerillera), de Helmut Lachenmann, y Work Nourishment Lodging (Trabajo alojamiento manutención), de Enno Poppe. Se trata de dos trabajos de sendas generaciones muy distintas y marcados ambos por una magistral concepción musical, cada uno a su modo. Sin embargo, ambas “óperas” han planteado agudamente el problema de lo que puede o debe ser una ópera de nuestros días. La cerillera apenas se define como ópera y se habla de “música en imágenes”, en rigor se trata de poner en tensión todo el mundo expresivo e intelectual de un glorioso veterano, como es Lachenmann, y evaluar cómo puede plantearse una puesta en escena del sonido mismo. De hecho, la versión madrileña era concertística.

En cuanto a la del joven Poppe, se trata de un trabajo escénico realizado a partir de un texto de Marcel Meyer según las peripecias de Robinson Crusoe. Este trabajo escénico ha fascinado técnicamente, gracias a la prestación de los músicos de musikFabrik y a las voces de Neue Vocalsolisten de Stuttgart; pero ha dejado muchas interrogaciones sobre lo que una ópera puede soportar: texto excesivamente “deconstruido” hasta el punto de parecer una suerte de escritura automática surrealista (heredada de un Beckett, ¡con lo que ha llovido!), duración excesiva para un espectáculo tan abstracto y esa suerte de impresión que emana de las producciones alemanas: técnica prodigiosa puesta al servicio de unos contenidos confusos que no superan la estética de la postguerra, a saber: no se puede contar una historia, no se puede narrar, no se puede construir sentido, no se puede cantar, en suma, no se puede hacer ópera.

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