El 21 de junio de 1982 se presentó por primera vez la Fiesta de la música (o Fête de la musique), iniciativa tomada por Jack Lang, Ministro de Cultura de la época en Francia. La propuesta estaba marcada por un afán de vertebración cultural que los años posteriores han ido debilitando. Se trataba (y aún se trata) de proporcionar un marco flexible de actuaciones que recogiera el contenido cultural, educativo e integrador de la música. Cada año se proponen unos temas, habitualmente tres (siempre lo suficientemente generales como para que cada ciudad pueda programar cómodamente) y existe una marca, un logo, que integra las acciones de la Fiesta y que las Embajadas de Francia están deseosos de proporcionar.

Francia comenzó a exportar La “Fiesta de la música” en 1985, con motivo del Año Europeo de la Música, siendo hoy día la única denominación utilizada, tanto en Europa como en otros continentes.

En España, y en Madrid en particular, no se sabe cómo ni cuándo, la Fiesta comenzó a llamarse Día europeo de la música y la confusión se ha integrado en los hábitos de modo exponencial, pero, eso sí, no sin consecuencias. El Día europeo de la música adolece de varios fraudes; para empezar, la Fiesta de la música no era europea, era (y es) mundial; en segundo lugar, el Día europeo de la música no se encomienda a nada ni a nadie, su contenido no va más allá que el del Día de la madre o el de la banderita. Por supuesto, el susodicho Día europeo no se acoge a los temas de la Fête ni a ninguno. Es ideal, por tanto, para que una conocida marca de alcohol monte una serie de conciertos y sortee la prohibición de anunciarse; o que un conocido gran almacén organice algún concierto a la puerta de su tienda.

La Fiesta de la música ha estado organizada en Madrid por Doce Notas durante cinco años (2002-2006), patrocinada por instituciones públicas y acogida por el Círculo de Bellas Artes, que continúa su mismo espíritu y se mantiene fiel a esta denominación. Pero el desgaste constante de instituciones oportunistas (da lo mismo que se llamen Ayuntamiento, FNAC o una revista musical de la competencia) terminó por llevarnos a la conclusión de que había mejores batallas que librar. Una vez ya sin competencia, el absurdo Día europeo de la música ahora campa por sus respetos. El Ayuntamiento de Madrid, con su soberbia habitual, convirtió el 21 de junio en una ensalada propia de actos musicales de diverso pelaje bajo el resbaladizo epíteto de Día europeo de la música. La marca de cervezas sigue poniendo su nombre por toda España a cualquier concierto de los varios que hace (de rock, por supuesto); Radio Clásica, pionera en la divulgación del Día europeo de la música y del entuerto, se veía obligada a decir el año pasado que tal Día europeo era esa cosa que inventó Jack Lang (aunque sin reconocer que no se llamaba así), contribuyendo al caos de denominaciones. Y el último acto de la comedia llega ahora, cuando el mismísimo Ministerio de Cultura, siempre falto de memoria, introduce el engendro en su programa de celebración del Año Europeo del Diálogo Intercultural, tema, por cierto, que forma parte de la terna elegida por la Fête de la musique 2008. Como corolario, el Auditorio Nacional de Música de Madrid ha bañado de carteles toda la ciudad anunciando su Día europeo de la música como el “de todas las músicas”, omitiendo la existencia del Año Europeo del Diálogo Intercultural, e ignorando así el compromiso adquirido por el Ministerio de Cultura para su divulgación en nuestro país.

En resumen, la Fiesta de la música es una iniciativa concreta con un temario internacional al que se acogen las ciudades (nunca los países), y que busca dotar a lo que se sigue queriendo que sea una fiesta de una urdimbre cultural: formación musical, educación, protagonismo del sector profesional, reconocimiento de la práctica amateur, coexistencia de los diversos géneros de la música, y desde luego, siempre música. Por el contrario, el Día europeo es una degeneración puramente española cuya característica es que no tiene contenido, vale lo mismo un roto que un descosido.

Pero no todo son males madrileños. En Barcelona, sin ir más lejos, la Fiesta de la música ha sido acogida por el Ayuntamiento y organizada por una empresa privada durante un buen número de años, y como parece que la cosa no cuajaba o era difícil competir con fabricantes de cerveza, este año se convierte en la primera Festa Major de la Cultura Tradicional a Catalunya. ¡Viva el cosmopolitismo!

Es tanta la inercia en este asunto que algunos Institutos y Alianzas francesas en España han claudicado este año –por aquello del Bicentenario de la Guerra de la Independencia, quizá– y en sus carteles anuncian la fiesta como el Día de la Música, sin lo de europeo al menos.

En fin, si siguiéramos el mismo ejemplo no necesitaríamos que nos concedieran unos Juegos Olímpicos, bastaría con organizar unas carreras de sacos y unas partidas de ping pong en esas recuperadas riberas del Manzanares, las llamábamos Día internacional del deporte y ya está. ¿Da risa?, pues en la música no, por lo visto.

Y tú, ¿qué opinas?

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