Docenotas’s Weblog

La noche de Radio Clásica, un poco más oscura

Agosto 29, 2008 · 38 comentarios

El 1 de septiembre desaparece de la emisión La noche cromática, el magazín en directo que llevaba casi cuatro años en la franja de 10 a 12 de la noche en Radio Clásica. También se van de la programación sus animadores: el compositor Jacobo Durán-Loriga y la musicóloga María Santacecilia. En su despedida, parece estar quedando claro que esta emisión había conseguido captar a un público que se había hecho cómplice del programa. También parece claro que la fórmula había conseguido notables éxitos y que deja un hueco difícil de llenar. Con esta sustitución, La noche cromática se convierte, de momento, en la principal víctima de la cadena de cambios que afronta la casa, primero, la purga brutal de sus mejores profesionales a cargo del plan de reconversión del Ente Radio Televisión Española; segundo, el cambio de dirección de la emisora, que ahora está en manos de Fernando Palacios.
La noche cromática había conseguido que la actualidad de la música clásica fuera de interés para un auditor al que se le supone que sólo quiere música y aborrece la palabra hablada. Y ese mérito, bastante más difícil de lo que parece, le corresponde a sus dos conductores y productores, así que tirar al niño con el agua de la palangana, dicho en plata, desprenderse de los servicios de dos excelentes profesionales ahora que se han hecho raros en la nueva y menguada Radio Clásica requeriría al menos una explicación. En todo caso, La noche cromática había consolidado un nutrido grupo de amigos y seguidores de la emisión, por lo que su sustitución va a necesitar suerte y benevolencia.
La vida sigue, pero no podemos dejar de hacer notar que hay un poco de crueldad en esta drástica decisión. Que el tiempo se encargue de poner en su sitio a cada uno en este trance, y mucha suerte a Jacobo y a María. Se han merecido mucho más que estos buenos deseos, pero al menos que éstos no le falten.

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¿Las cuerdas altas desafinan o chirrían?

Julio 1, 2008 · 2 comentarios

El pasado 16 de junio, un artículo se coló en la sección Educación del diario El País. En él, la periodista Elisa Silió hace un repaso del “estado de la cuestión” en lo que respecta a la enseñanza musical de las llamadas “cuerdas altas”: el artículo parte comentando que, en violín y viola, las orquestas españolas se sustentan con profesionales extranjeros -cosa que se constata leyendo la prensa especializada extranjera-. Sin cambiar de párrafo, dice “la presencia de este tipo de instrumentistas nacionales en las sinfónicas es casi simbólica. Tres o cuatro personas de un total de 40 tocando estos dos instrumentos”. El dato está dado muy a la ligera. Hemos hecho una somera comprobación con algunas de nuestras orquestas autonómicas. La proporción se cumple, por ejemplo, en la Orquesta Nacional de Galicia, donde sólo hay 4 españoles entre los violines segundos. En la Bilbao Orkestra Sinfonikoa, estamos hablando de 7 violines y 3 violas. En la Orquesta Sinfónica de Castilla y León, contamos 18 músicos españoles, un tercio de la cuerda alta.

Pero aquí nos saltamos a la torera algo fundamental. Las orquestas autonómicas se crearon en los últimos veinte años: diecisiete orquestas casi coetáneas que debieron nutrirse de muchos músicos extranjeros. Como bien nos apunta el gerente de la orquesta castellano-leonesa, la gran mayoría de “los demás” violinistas y violas ya no son extranjeros. Llevan en nuestro país, tocando y formando a otros músicos en el sistema “obsoleto” de los conservatorios, esos veinticinco años que se caracterizan por la reforma en profundidad de los planes de estudio. Las nuevas generaciones, las que ya pueblan las jóvenes orquestas de todo el país, saben de lo que hablamos.

Volvamos al texto. Se da la voz y la palabra a una serie de expertos, entre ellos el contrabajista Miguel Rodrígañez, y también el músico y profesor Juan Krakenberger, de quien citan algunas de las ideas que expresaba en la opinión (publicada en Doce Notas en el número 60). “Desde un prisma mucho más optimista”, también dejan hablar al director de la Joven Orquesta Nacional de España (JONDE), José Luis Turina. Él es optimista, pero los anteriores citados no son pesimistas. El maestro Turina tiene datos. Nosotros, sólo por apuntar, tenemos la actuación que les pudimos ver la noche del 30 de junio a los jóvenes, en el último concierto de temporada del CDMC, en el que Noche transfigurada (sólo cuerdas) de Arnold Schoenberg sonó como los cielos.

Mucha sombra y poca luz. Llegar a una orquesta es complicado, estudiando en los conservatorios o en las escuelas privadas. Nos preguntamos cómo se han sentido los muchos alumnos de conservatorio que siguen actualmente estas disciplinas, cuando les han pintado semejante panorama desde un medio nacional. Las voces de los “expertos” no están muy bien repartidas y las posiciones del medio quedan dichas en las tres primeras frases -donde, sabemos, se quedará el 80 o 90 por ciento de los lectores-: “las cuerdas altas desafinan”. A decir verdad, es la información la que “chirría”.

En último término, ¿a quién está beneficiando esta pintura expresionista, desoladora y  profundamente negativa?

→ 2 comentariosCategorías: Educación
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¿Está la ópera de hoy condenada a ser un eterno ritual sobre la imposibilidad de ser ópera?

Junio 23, 2008 · 7 comentarios

El ciclo Operadhoy de este año ha presentado, hasta el momento, dos producciones germanas: Das Mädchen mit den Schewefelhözen (La cerillera), de Helmut Lachenmann, y Work Nourishment Lodging (Trabajo alojamiento manutención), de Enno Poppe. Se trata de dos trabajos de sendas generaciones muy distintas y marcados ambos por una magistral concepción musical, cada uno a su modo. Sin embargo, ambas “óperas” han planteado agudamente el problema de lo que puede o debe ser una ópera de nuestros días. La cerillera apenas se define como ópera y se habla de “música en imágenes”, en rigor se trata de poner en tensión todo el mundo expresivo e intelectual de un glorioso veterano, como es Lachenmann, y evaluar cómo puede plantearse una puesta en escena del sonido mismo. De hecho, la versión madrileña era concertística.

En cuanto a la del joven Poppe, se trata de un trabajo escénico realizado a partir de un texto de Marcel Meyer según las peripecias de Robinson Crusoe. Este trabajo escénico ha fascinado técnicamente, gracias a la prestación de los músicos de musikFabrik y a las voces de Neue Vocalsolisten de Stuttgart; pero ha dejado muchas interrogaciones sobre lo que una ópera puede soportar: texto excesivamente “deconstruido” hasta el punto de parecer una suerte de escritura automática surrealista (heredada de un Beckett, ¡con lo que ha llovido!), duración excesiva para un espectáculo tan abstracto y esa suerte de impresión que emana de las producciones alemanas: técnica prodigiosa puesta al servicio de unos contenidos confusos que no superan la estética de la postguerra, a saber: no se puede contar una historia, no se puede narrar, no se puede construir sentido, no se puede cantar, en suma, no se puede hacer ópera.

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Fiesta de la Música/ Día europeo: la ceremonia de la confusión

Junio 20, 2008 · 7 comentarios

El 21 de junio de 1982 se presentó por primera vez la Fiesta de la música (o Fête de la musique), iniciativa tomada por Jack Lang, Ministro de Cultura de la época en Francia. La propuesta estaba marcada por un afán de vertebración cultural que los años posteriores han ido debilitando. Se trataba (y aún se trata) de proporcionar un marco flexible de actuaciones que recogiera el contenido cultural, educativo e integrador de la música. Cada año se proponen unos temas, habitualmente tres (siempre lo suficientemente generales como para que cada ciudad pueda programar cómodamente) y existe una marca, un logo, que integra las acciones de la Fiesta y que las Embajadas de Francia están deseosos de proporcionar.

Francia comenzó a exportar La “Fiesta de la música” en 1985, con motivo del Año Europeo de la Música, siendo hoy día la única denominación utilizada, tanto en Europa como en otros continentes.

En España, y en Madrid en particular, no se sabe cómo ni cuándo, la Fiesta comenzó a llamarse Día europeo de la música y la confusión se ha integrado en los hábitos de modo exponencial, pero, eso sí, no sin consecuencias. El Día europeo de la música adolece de varios fraudes; para empezar, la Fiesta de la música no era europea, era (y es) mundial; en segundo lugar, el Día europeo de la música no se encomienda a nada ni a nadie, su contenido no va más allá que el del Día de la madre o el de la banderita. Por supuesto, el susodicho Día europeo no se acoge a los temas de la Fête ni a ninguno. Es ideal, por tanto, para que una conocida marca de alcohol monte una serie de conciertos y sortee la prohibición de anunciarse; o que un conocido gran almacén organice algún concierto a la puerta de su tienda.

La Fiesta de la música ha estado organizada en Madrid por Doce Notas durante cinco años (2002-2006), patrocinada por instituciones públicas y acogida por el Círculo de Bellas Artes, que continúa su mismo espíritu y se mantiene fiel a esta denominación. Pero el desgaste constante de instituciones oportunistas (da lo mismo que se llamen Ayuntamiento, FNAC o una revista musical de la competencia) terminó por llevarnos a la conclusión de que había mejores batallas que librar. Una vez ya sin competencia, el absurdo Día europeo de la música ahora campa por sus respetos. El Ayuntamiento de Madrid, con su soberbia habitual, convirtió el 21 de junio en una ensalada propia de actos musicales de diverso pelaje bajo el resbaladizo epíteto de Día europeo de la música. La marca de cervezas sigue poniendo su nombre por toda España a cualquier concierto de los varios que hace (de rock, por supuesto); Radio Clásica, pionera en la divulgación del Día europeo de la música y del entuerto, se veía obligada a decir el año pasado que tal Día europeo era esa cosa que inventó Jack Lang (aunque sin reconocer que no se llamaba así), contribuyendo al caos de denominaciones. Y el último acto de la comedia llega ahora, cuando el mismísimo Ministerio de Cultura, siempre falto de memoria, introduce el engendro en su programa de celebración del Año Europeo del Diálogo Intercultural, tema, por cierto, que forma parte de la terna elegida por la Fête de la musique 2008. Como corolario, el Auditorio Nacional de Música de Madrid ha bañado de carteles toda la ciudad anunciando su Día europeo de la música como el “de todas las músicas”, omitiendo la existencia del Año Europeo del Diálogo Intercultural, e ignorando así el compromiso adquirido por el Ministerio de Cultura para su divulgación en nuestro país.

En resumen, la Fiesta de la música es una iniciativa concreta con un temario internacional al que se acogen las ciudades (nunca los países), y que busca dotar a lo que se sigue queriendo que sea una fiesta de una urdimbre cultural: formación musical, educación, protagonismo del sector profesional, reconocimiento de la práctica amateur, coexistencia de los diversos géneros de la música, y desde luego, siempre música. Por el contrario, el Día europeo es una degeneración puramente española cuya característica es que no tiene contenido, vale lo mismo un roto que un descosido.

Pero no todo son males madrileños. En Barcelona, sin ir más lejos, la Fiesta de la música ha sido acogida por el Ayuntamiento y organizada por una empresa privada durante un buen número de años, y como parece que la cosa no cuajaba o era difícil competir con fabricantes de cerveza, este año se convierte en la primera Festa Major de la Cultura Tradicional a Catalunya. ¡Viva el cosmopolitismo!

Es tanta la inercia en este asunto que algunos Institutos y Alianzas francesas en España han claudicado este año –por aquello del Bicentenario de la Guerra de la Independencia, quizá– y en sus carteles anuncian la fiesta como el Día de la Música, sin lo de europeo al menos.

En fin, si siguiéramos el mismo ejemplo no necesitaríamos que nos concedieran unos Juegos Olímpicos, bastaría con organizar unas carreras de sacos y unas partidas de ping pong en esas recuperadas riberas del Manzanares, las llamábamos Día internacional del deporte y ya está. ¿Da risa?, pues en la música no, por lo visto.

Y tú, ¿qué opinas?

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