¿Qué pasa con los concursos de composición?
El concurso Auditorio Nacional / Fundación BBVA ha sido polémica a través de dos cartas a la directora de este medio; y, asimismo, enviadas y publicadas a otros medios y foros de Internet.
Una de las cartas denuncia alguna irregularidad de procedimiento que no vamos a valorar aquí. La otra carta ataca a un compositor que es finalista del citado concurso y al que se denuncia por otro concurso anterior a propósito de que su obra, ganadora, no sería (según la denuncia) inédita.
No es todo. El ya veterano concurso de jóvenes compositores Fundación Autor / CDMC ha visto cómo se retiraba una de las obras seleccionadas para la fase final, que se celebrará el 30 de noviembre, con un escueto comunicado del que parece traslucirse algún incidente parecido (ver noticia).
¿Qué pasa? Quizá, como nos comentaba un veterano compositor, nada que no haya sucedido a menudo en el pasado. Una obra que debe ser inédita y que quizá no lo es, como sospechan algunos; una sombra de sospecha sobre lo que debería ser rigurosidad de procedimientos en el protocolo de selección.
Pero lo que parece novedoso es un estado de irritación y denuncia. No es que sea malo; es posible que los denunciantes tengan buenas razones; y tampoco es malo callarse, al contrario. Pero siempre hay una delgada línea entre la sospecha justificada de algo raro y la denuncia dañina que puede herir en lo más hondo al compositor (generalmente joven) que se vea en el punto de mira de una suerte de inquisición.
Y, como es ya sabido, la prodigalidad cuando no promiscuidad de Internet y su enorme capacidad de ampliar el debate puede haber hecho el resto. Si esto es así, este estado de sensibilización ha llegado para quedarse y deberemos acostumbrarnos a él con la mayor sensatez posible. Denunciar es bueno si se tienen razones y se da la cara. Y es malo si se hace desde la opacidad, a veces obscena, de un anonimato y no se siente comprometido a justificar lo dicho.
Los lectores tienen la palabra.
¿Buenas o malas prácticas?
Cuando César Antonio Molina, anterior Ministro de Cultura, cambió el nombre de la antigua Dirección General de Cooperación y Promoción Cultural por el de “Dirección General de Política e Industrias Culturales”, nadie podía imaginar que esto se manifestara en la convocatoria de las ayudas de esta Dirección de una forma tan perjudicial para la música y tan beneficiosa para el sector del libro y la literatura.
Respetando los posibles recortes presupuestarios que imponía la crisis, la comparativa entre la convocatoria 2008 de la antigua Dirección y la de 2009 de Políticas e Industrias Culturales refleja, en primer lugar, un desprecio absoluto por la Formación de Profesionales de la Cultura.
Entre los grandes perjudicados de estas ayudas a profesionales de la cultura se encuentran nuestros jóvenes intérpretes: se venían concediendo un total de 55 ayudas anuales para la formación en el extranjero de jóvenes profesionales de la música. La dotación era de 246.900 euros. Según nuestras fuentes, este año la cantidad asignada para estas ayudas se ha quedado en 116.068 euros… y gracias, ya que el total para todas las especialidades y no sólo la música ha sido 340.000 euros en lugar del 1.500.000 de la convocatoria 2008, como puede verse en el siguiente cuadro:

Pero el mayor agravio sufrido por la música ha sido en la división del presupuesto de las antiguas Ayudas de Acción y Promoción cultural (ver cuadro superior) en dos ayudas: la propiamente dicha de Acción y Promoción (destinada este año en exclusiva a Fundaciones y Asociaciones) y la de “Ayudas a la inversión en capital para promover la modernización, innovación y adaptación tecnológica de las industrias culturales”, convocadas por primera vez.
El 7 de mayo, cuando toda la prensa anunciaba el relevo inminente de Juan Carlos Marset como Director General del Inaem, la Dirección General de Política e Industrias culturales hizo públicas las propuestas de “Ayudas a la inversión en capital para promover la modernización, innovación y adaptación tecnológica de las industrias culturales. No sabemos si fue pura coincidencia o tiene algo que ver con aquello de que “cuando veas las barbas de tu vecino pelar…”, el caso es que la desproporción entre unas y otras áreas de la cultura en esas propuestas era tan descabellada que no se podía dejar de pensar mal: aquello eran ¿buenas o malas prácticas? Estos son los datos y juzguen ustedes mismos:
Propuestas de ayudas para la música:

Propuestas de ayudas por sectores:

El misterioso caso del Conservatorio de Atocha
¿Qué poderosas razones han podido llevar a Anselmo de la Campa, director del Real Conservatorio Superior de Música de Madrid, a expulsar a uno de sus alumnos más brillantes?, ¿por qué se echa fulminantemente a la calle a quien pone voz a lo que hasta ahora muchos alumnos no se atrevían a denunciar?, ¿por qué el director del Conservatorio se ha arriesgado a ejecutar unilateralmente una expulsión en condiciones más que irregulares?
Hace unos meses, David Santacecilia mantuvo una acalorada discusión en el Conservatorio con la compositora y profesora Zulema de la Cruz por sus reiteradas ausencias de clase. Ambas partes, alumno y docente, elevaron en exceso el tono de la conversación: él acusándola de dejación de sus tareas, ella presentando retadoramente todo tipo de excusas peregrinas ante una situación que lleva produciéndose años. A partir de ese momento, y con el fin de desviar la atención sobre su irregular comportamiento laboral, Zulema de la Cruz corre el rumor de que ha habido una agresión que no ha existido, tal y como queda reflejado por escrito por parte de testigos que presenciaron aquella escena. David Santacecilia, por su parte, presenta el 9 de marzo de 2009 ante las diversas autoridades educativas una queja contra Zulema de la Cruz relativa al incumplimiento de sus obligaciones laborales como profesora, a raíz de la cual se inicia un expediente informativo. Finalmente, el pasado jueves 7 de mayo, David recibió de manos de un compañero del centro una resolución disciplinaria del director que le informaba de su “expulsión definitiva del centro” alegando un “trato desconsiderado e irrespetuoso a la profesora doña Zulema de la Cruz Castillejo”.
¿Desde cuándo se hace entrega de este tipo de documentos sin constatar que el destinatario los ha recibido? ¿Por qué condiciona don Anselmo de la Campa esta expulsión a una petición de disculpas de David cuando se ha negado a recibirle en su despacho reiteradamente para escuchar su versión de los hechos? ¿Cómo no se indica en esta resolución si se puede o no recurrir, y la manera y los plazos previstos para hacerlo? ¿Por qué en esta resolución, tal y como se establece en el Decreto 15/2007 de 19 de abril por el que se regula la convivencia en los centros docentes de la Comunidad de Madrid, no se indican detalladamente los hechos que se imputan al alumno, las circunstancias atenuantes y agravantes, los fundamentos jurídicos de la sanción impuesta, su fecha de efecto y el órgano ante el que cabe interponer recurso?
Todos estos gravísimos defectos de forma han dejado a David Santacecilia en una peligrosa situación de indefensión a poco más de un mes de que concluya un curso en el que obtendría la titulación en dos especialidades. Si de verdad ha tenido un comportamiento irrespetuoso, ¿no era al menos merecedor de un proceso en el que estuvieran implicados los organismos con capacidad decisoria del centro? ¿No será esta expulsión una represalia a David por denunciar los hechos que hasta ahora sólo se cuchicheaban por los pasillos? Las respuestas que surgen ante estas cuestiones no hay que buscarlas en el alumno que ha ejercido su derecho a reclamar educación para él y sus compañeros, sino en las autoridades educativas que han hecho la vista gorda durante años ante escandalosas ausencias, bajas sospechosas y docentes que consideran el Conservatorio como su feudo. ¿Las víctimas? En este caso es David Santacecilia, pero durante mucho tiempo lo han sido los alumnos del propio centro, y en última instancia, lo es la calidad de la enseñanza musical en España.
Elisa Roche, la amiga y pedagoga que se nos ha ido
La necrológica, sentida nota de Jorge Fernández Guerra (Director del Centro para la Difusión de la Música Contempoánea, cofundador de la revista Doce Notas) publicada en “la noticia” de docenotas.com, continúa en este texto que publicamos a continuación. Sirva este post para rendirle homenaje a la amiga y pedagoga que se nos fue ayer.
“…En los últimos doce años, Elisa Roche mantuvo su batalla por la modernización de la formación musical en varios modos, y uno de los más importantes fueron sus trascendentales artículos en esta revista, Doce Notas, que atesora una memoria decisiva del debate de estos años pasados y, de manera especial, de la extraordinaria lucidez y capacidad de análisis de Elisa Roche. Se ha ido, pues, además de todo lo dicho, una compañera de esta revista y una amiga impagable. Un antiguo alumno suyo, en una Laudatio merecidísima, decía que ‘resultaba difícil encontrar su rastro [más allá de] revistas un tanto underground, como 12 Notas…’ ¡Curioso! Aún recuerdo el célebre número 4 de Doce Notas, donde nos tirábamos al campo de batalla para defender lo que nadie quiso tras la lastimosa destitución del mejor equipo de reformadores de la educación musical en España en todo el siglo XX. Allí estaba, también, el testimonio de otra valiente que dijo lo que todos callaban y que también nos ha dejado, la pianista y pedagoga Almudena Cano (ver artículo). Como primer director de Doce Notas me siento orgulloso de aquellos años de coraje, defendiendo lo evidente prácticamente en solitario, y sonreiría gustoso ante la memez de merecer el calificativo de ‘underground’ por ello si no fuera por la enormidad de la pena que me embarga, que nos embarga a todos los que amamos la música ante esta desaparición. Sin duda, el siglo XXI no ha cesado de mostrarnos los peores colores sin haber llegado a cumplir su primera decena.
Descansa, Elisa, en paz, por supuesto, te lo has ganado de sobra. Seguiremos, según tu ejemplo, edificando la coherencia y la sensatez en la educación musical de nuestro país.”
¿Stravinsk-qué?
La actual representación de la ópera The Rake’s progress, de Stravinsky, en el Teatro Real de Madrid ha tenido, entre otras cosas, una curiosa incidencia en un aspecto en el que pocos suelen reparar, la ortografía del nombre del gran compositor. ¿Stravinsky o Stravinski? No es un debate nuevo, de hecho lo vivimos cotidianamente con la traducción de todos los nombres de personalidades rusas. En efecto, la traducción del cirílico implica una transliteración que cada país (con alfabeto latino) resuelve según la proximidad fonética de su idioma y la coherencia de sus signos ortográficos. Así, por ejemplo, los ingleses escriben Tchaikovsky y los franceses Tschaikovsky para producir los sonidos que en español producimos simplemente con Chaikovski.
Pero el caso de Stravinsky tiene otro historial. El autor de La consagración de la Primavera vivió fuera de Rusia desde la Iª Guerra Mundial y adquirió primero la nacionalidad francesa a mediados de los años treinta y, finalmente, la americana a mediados de los años cuarenta. Es posible encontrarse con su nombre escrito como Strawinsky, Strawinski y, por supuesto, las dos variables con uve. Normalmente, cuando aparece así su nombre los especialistas detectan que se trata de escritos anteriores a la IIª Guerra Mundial, al menos en su origen.
Ahora bien, una vez producida la nacionalización definitiva del compositor en Estados Unidos, en cuyo país vivió hasta el año de su muerte en 1971, la controversia debe desaparecer, el músico optó por Stravinsky y ningún debate sobre la mejor traducción o transliteración a cada idioma debe anteponerse a un hecho biográfico definitivo. De hecho, la gran mayoría de la bibliografía sobre el músico aparece ya con la grafía que el propio autor consagró con su elección.
El debate, si lo hay, ha surgido a raíz de las representaciones madrileñas de su principal y casi única ópera. El Teatro Real ha decidido sancionar que el nombre debe escribirse con i latina al final contra el criterio general y la decisión particular del músico. Para ello se basa en una consulta a la Real Academia de la Lengua Española, según hace constar en una nota a pie de página en el texto principal del libro programa editado a tal efecto. Pero lo más curioso y sorprendente es que la gran mayoría de los medios de comunicación le han seguido y los principales diarios madrileños han publicado sus críticas y sus reseñas con la i latina.
Puesto que discrepamos de esta decisión, hemos realizado una consulta a la Biblioteca Nacional que resuelve como opción correcta la de la y griega. Consideramos que la Biblioteca Nacional está mejor capacitada para argumentar sobre esto, ya que no se trata de un problema de traducción del ruso (la grafía Stravinsky dejó de ser rusa por decisión del compositor y se ha convertido en inglesa, y está claro que nadie traduce las grafías inglesas, nadie escribe “Yon Güein” para designar a John Wayne). Y de paso nos preguntamos por la epidemia de teatro-realismo que ha aquejado a los medios de comunicación que raras veces habían escrito Stravinsk(i) con anterioridad. En fin, y para que conste, publicamos la respuesta de la Biblioteca Nacional a nuestra consulta para que no queden dudas.
—–Mensaje original—–
De: bib@bne.es [mailto:bib@bne.es]
Enviado el: miércoles, 14 de enero de 2009 13:06
Asunto: Consulta bibliotecaria – Responder [Consulta #4103545]
Historia de la consulta:
Usuario: necesito saber si es correcto escribir Stravinsky con y griega en lugar de i latina al final.
Bibliotecario 1: Estimado Sr.
Le comunico que hemos consultado los más importantes Diccionarios de música y consultado nuestra base de datos y hemos llegado a la conclusión que la forma correcta de escribir Stravinsky es con y griega. En las bases de datos se suele hacer dos entradas más con i latina o ii finales haciendo una referencia a la forma correcta.
Atentamente
José María Soto de Lanuza
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